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La peligrosa deriva de los derivados

La peligrosa deriva de los derivados

Hasta hace pocos días, el mercado se retorcía de alegría ante la idea de seguir batiendo sus propios récords históricos cada 24 horas y los inversores ni se preguntaban si lo que estábamos experimentando era real o no. Sin embargo, las excusas para ello eran obvias: abundante liquidez, bancos centrales dispuestos a hacer cualquier cosa para ayudarnos, tecnología enloquecida, tipos a cero - incluso más bajos – y la nueva servidumbre de la “oficina en casa”, que siendo una vieja idea ha pasado a ser, de la noche a la mañana, un nuevo paradigma y una nueva revolución de beneficios considerables para las empresas.

Pero, de repente, todo se detuvo. Sin poder explicar por qué. Mientras el mercado acababa de romper un nuevo récord y Tesla acababa de cruzar niveles nunca vistos o ni siquiera esperados, la orquesta dejó de tocar y el mercado comenzó a caer de la misma forma que había subido: rápido, fuerte, violentamente. Sin explicación. De repente, los compradores se fueron.

Por lo general, cuando los mercados de valores del mundo colapsan silenciosamente, sin ninguna razón en particular, algo empieza a oler a podrido en el reino de Wall Street. Un tufillo de derrota empezó a flotar en el aire y los operadores investigaron con ansia qué podía haber roto la infinita ascensión de los índices a su particular Parnaso monetario.

La culpa del colapso momentáneo de todo lo relacionado con la tecnología no respondió a una toma de beneficios apresurada, a un ataque de pánico de los inversores por un nuevo envite del Covid19 o al acuerdo del Bréxit que nunca llega, sino que la tuvo una ballena japonesa. Pero no de las que surcan los mares de Japón a la espera de ser capturadas y convertidas en derivados de productos de belleza, sino de un cetáceo en forma de gigantesco fondo de inversión respaldado por la empresa Softbank que habría incendiado los mercados de derivados comprando cantidades astronómicas de opciones call sobre todo lo que fuera tecnología o se moviese más o menos cerca o incluso no tanto, de su entorno.

Como es normal, cuando se crea una turbulencia alcista en los mercados de valores manipulando masivamente estos pequeños y delicados artefactos denominados calls, las cosas suelen tener tendencia a acabar más mal que bien. De ahí el colapso de valores como Tesla que incluso logró volver al “mercado bajista” en el espacio de tres días. Y además de toda la tecnología que se cerró de golpe en unos pocos días, esta historia alertó a todas las aves de mal ahuero que se apresuraron a venir y anunciar el fin del mundo. Una vez más.

Más allá de esta nueva e ingrata sorpresa, suficiente para producir un sudor frío y traer malos recuerdos, uno puede preguntarse si alguna vez aprenderemos. De hecho,

mientras escribo esto, los mercados están tratando de recuperarse y de recuperarse de la bofetada que acaban de recibir en los últimos días. Pero, insisto que tendemos a olvidar que cada vez que los mercados se desploman debido a los derivados, el asunto tiende a terminar mal.

Warren Buffett dijo que: “Los derivados eran armas de destrucción masiva”, y aunque algunos de nosotros tendemos a pensar que el momento estelar de Warren, fue allá por los años 90, podemos admitirle que no se ha equivocado del todo en estos últimos años y que, por tanto, su cita sigue siendo original y teniendo sentido. Aseveración que mantengo, siendo un servidor, cero sospechoso de la devoción ciega de los acérrimos a todo lo que diga, augure, proclame o insinúe, el oráculo de Ohama.

Los viejos del lugar, recordamos en 1998 el fondo de cobertura LTCM nos explotó en la cara cuando ni podía, ni debía perder jamás con sus sofisticadas técnicas de coberturas con derivados y avaladas por varios premios Nobeles. Fue un primer aviso que superamos. Luego, en 2008 los préstamos de alto riesgo – nuevamente ensamblajes absurdos de montones de productos derivados – casi completaron la obra iniciada en 1998 y casi destruyeron por completo el sistema financiero. En el recuento de bajas final de la guerra de los derivados: 465 bancos se declararon en quiebra en 2008, liderados por Lehman Brothers. Fue el episodio 2, que duró varias temporadas.

Esperemos que este asunto de la ballena japonesa y Softbank no suponga el inicio del final de esta tétrica saga de la deriva siniestra a la que nos suelen llevar los derivados. De lo contrario no habremos aprendido nada del pasado. Lo cual, desafortunadamente, no sería una sorpresa.

Carlos de Fuenmayor. Especialista en Finanzas/Asociado EFPA España @cdefuenmayor

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