Suscríbase de manera gratuita para recibir nuestras últimas noticias con análisis y comentarios de nuestros equipos. La suscripción tan solo le llevará un minuto.

Diez años después de Lehman, asesores y banqueros nos cuentan cómo lo vivieron

El mejor consejo es seguir las reglas de siempre: mantenernos diversificados, gastar menos de lo que ganamos, ajustar nuestra tolerancia al riesgo adecuadamente y no creer en nada que parezca demasiado bueno para ser verdad.

María Jesús Soto 

Banquera privada  - Andbank

El lunes 15 de septiembre de 2008 estábamos trabajando en nuestra oficina de la Avda. Independencia, 14, en León, como agentes financieros de Inversis por aquel entonces. Años más tarde la compra de Andbank a Inversis, nos situaría en nuestra posición actual. Aquel día estábamos intentando entender qué estaba pasando en el mundo, cuales serían las implicaciones y buscando argumentos para explicárselo a los clientes. La situación complicada ya había comenzado días antes, por lo que desde el punto de vista psicológico, como profesionales, ya estábamos en “modo calma”, ante tanta preocupación y confusión. 

Dado que no teníamos con los clientes productos estructurados, ni preferentes, sino que las carteras estaban compuestas mayoritariamente por fondos de inversión, la situación era complicada, pero no dramática. Los inversores aceptaban muy bien las explicaciones que les ayudaban a mantener la calma y el grueso de sus posiciones sin cambios drásticos. También nos ayudó mucho la labor de educación financiera que llevábamos haciendo desde hacía años con nuestros clientes. Su capacidad de entender que sus patrimonios estaban protegidos, a pesar de la virulencia con la que caían los valores liquidativos de los fondos, nos ayudó enormemente a evitar que tomasen decisiones erróneas para sus patrimonios. 

También nos ayudó mucho la confianza que tenían en nosotros, ante la transparencia e información constante que siempre tenemos con ellos. La presencia constante en medios de comunicación, así como las conferencias y seminarios que hacemos habitualmente, ayudan a mantener un prestigio en el mercado, que ayudó mucho en aquella época. El salir airosos de aquella etapa tan difícil, dando la cara ante los clientes, manteniendo la calma y protegiendo sus patrimonios, en los siguientes años se convertiría en una palanca de crecimiento exponencial del negocio. Por tanto y en conclusión, podríamos decir que estábamos muy bien posicionados para soportar la crisis y salir muy fortalecidos de la misma.

 

María Jesús Soto 

Banquera privada  - Andbank

El lunes 15 de septiembre de 2008 estábamos trabajando en nuestra oficina de la Avda. Independencia, 14, en León, como agentes financieros de Inversis por aquel entonces. Años más tarde la compra de Andbank a Inversis, nos situaría en nuestra posición actual. Aquel día estábamos intentando entender qué estaba pasando en el mundo, cuales serían las implicaciones y buscando argumentos para explicárselo a los clientes. La situación complicada ya había comenzado días antes, por lo que desde el punto de vista psicológico, como profesionales, ya estábamos en “modo calma”, ante tanta preocupación y confusión. 

Dado que no teníamos con los clientes productos estructurados, ni preferentes, sino que las carteras estaban compuestas mayoritariamente por fondos de inversión, la situación era complicada, pero no dramática. Los inversores aceptaban muy bien las explicaciones que les ayudaban a mantener la calma y el grueso de sus posiciones sin cambios drásticos. También nos ayudó mucho la labor de educación financiera que llevábamos haciendo desde hacía años con nuestros clientes. Su capacidad de entender que sus patrimonios estaban protegidos, a pesar de la virulencia con la que caían los valores liquidativos de los fondos, nos ayudó enormemente a evitar que tomasen decisiones erróneas para sus patrimonios. 

También nos ayudó mucho la confianza que tenían en nosotros, ante la transparencia e información constante que siempre tenemos con ellos. La presencia constante en medios de comunicación, así como las conferencias y seminarios que hacemos habitualmente, ayudan a mantener un prestigio en el mercado, que ayudó mucho en aquella época. El salir airosos de aquella etapa tan difícil, dando la cara ante los clientes, manteniendo la calma y protegiendo sus patrimonios, en los siguientes años se convertiría en una palanca de crecimiento exponencial del negocio. Por tanto y en conclusión, podríamos decir que estábamos muy bien posicionados para soportar la crisis y salir muy fortalecidos de la misma.

 

Javier Estévez

Socio y director - Abante

El acontecimiento de Lehman Brothers cambió sin duda la forma de entender y enfrentarnos a los mercados financieros. Es cierto que, en el mismo momento que se conoció la noticia, aun siendo conscientes de la gravedad y del impacto de la misma, no podíamos imaginar el impacto que iba a tener para todos. 

Pronto nos dimos cuenta de que, aunque la diversificación de gestores y de zonas geográficas atenuaría el impacto en las carteras de los clientes, la generalidad de la caída y la rapidez de la misma nos obligaba a establecer una estrategia de mayor calado con nuestros clientes. 

Tras enfocar nuestra opinión y estrategia con el equipo de gestión de Abante, nuestra máxima preocupación era llamar y hablar con todos los clientes e inversores que habían confiado en Abante la gestión de su patrimonio, era fundamental que supieran de primera mano el impacto real en sus carteras y, sobre todo, que tenían a sus asesores trabajando sobre ello. 

Posteriormente y aún más con una estrategia de medio plazo, decidimos confiar en el modelo que habíamos aplicado. Si los perfiles de riesgo estaban bien establecidos y la gestión de los fondos era rápida y adecuada a las circunstancias, debíamos hacer llegar a los inversores que había que mantener las carteras y dejar que las decisiones tácticas de gestión se aplicaran en los meses siguientes.

Confirmamos con los clientes que sus circunstancias personales no habían variado, que no había necesidades de liquidez urgentes, proyectos distintos a los que podíamos conocer hasta la fecha que nos obligaran a cambiar la estrategia.

Realizado este trabajo, el mayor acierto fue transmitir unas semanas después y en un acto público nuestra opinión y visión del mercado, aquella conferencia de principios de noviembre de 2008 es algo que muchos clientes hoy nos siguen agradeciendo. 

Finalmente, había que gestionar las emociones y los acontecimientos que vinieron después, las caídas de los mercados y todas las noticias que pusieron a prueba, tanto a inversores como a asesores.  

Cierto es que, en marzo de 2009, momento que pocos recuerdan, comenzó una mejora el mercado que sirvió para recuperar algo de la confianza perdida. 

Todos los que vivimos esos momentos sabemos que hay un antes y un después, pero en nuestra opinión no debemos de considerar como cíclico un acontecimiento que sin duda fue singular, único y excepcional. Todos, inversores y asesores, tenemos la obligación de aprender de ello para no cometer los mismos errores y la personal de superarlo y ver todo el crecimiento y recuperación que las economías han tenido desde entonces.

 

Albert Grau

Socio y gestor de patrimonios - ARGENTA PATRIMONIOS EAFI

Éramos una empresa de cuatro años de vida en ese momento, y seguíamos construyendo nuestra cartera de clientes.

Habíamos estado advirtiendo a algunos de nuestros clientes con un perfil más arriesgado, que todo en el sistema de EE.UU., era frágil y que en un momento determinado podría haber más repercusiones básicamente sobre los vehículos de inversión estructurada – vinculados al ladrillo, y préstamos- (aconsejados por sus entidades financieras). Preferíamos dar consejos de inversión sobre productos no complejos y con retornos más bajos. Algunos aceptaron nuestros consejos, y otros no lo hicieron (muy pocos).

Las lecciones de la crisis financiera han sido dolorosas y profundas. El gobierno de EE.UU. y la Reserva Federal pusieron en marcha medidas rápidas, sin precedentes y extremas para detener la crisis, y se implementaron reformas para tratar de evitar la repetición del desastre.

Pero las reformas más amplias para proteger a los consumidores, los inversores y los prestatarios no. Están en el proceso de ser derogadas y atenuadas.
Si bien puede haber un consenso general de que estamos más seguros hoy de lo que estábamos hace una década, es difícil saberlo realmente hasta que nos enfrentemos a la próxima crisis.

Sabemos esto: no se verá como la última, nunca lo hacen. Eso es lo que pasa con las crisis y los llamados "cisnes negros". Las grietas comienzan a aparecer, y antes de que alguien esté listo para echar un vistazo a lo que las está causando, se convierten en enormes cambios tectónicos que trastornan el orden financiero global.

El mejor consejo es seguir las reglas de siempre: mantenernos diversificados, gastar menos de lo que ganamos, ajustar nuestra tolerancia al riesgo adecuadamente y no creer en nada que parezca demasiado bueno para ser verdad.

 

Raúl López González 

Asesor Financiero - Tressis

Los años y meses anteriores fueron muy volátiles y se dieron momentos de euforia. Era muy importante permanecer tranquilo para evitar que los clientes tomaran decisiones condicionados por las emociones. Aquel episodio ensalzó el behavioral finance y la neuro-economía.

Muchos inversores desconocían el alto riesgo que asumían, por desconocimiento o por un conflicto de intereses de sus asesores. Los clientes con más experiencia que mejor escuchan y planifican a largo plazo se beneficiaron de aquella crisis. Pero los impulsivos que invierten como ordenan el menú en un restaurante de lujo, salieron mal parados.

Diez años después, el regulador sigue siendo laxo a la hora de obligar a los profesionales en educar y conocer realmente a sus clientes.

Es muy probable que veamos otra crisis similar, y que muchos inversores vuelvan a sufrir gratuitamente, porque en España la mayoría de inversores no planifican su patrimonio a largo plazo.  

Munes Melwani

Socio y director - Cross Capital EAFI

Aparte de recordarme que llevo algo más de dos décadas en el sector de la inversión y las finanzas corporativas, tengo que decir que la fatídica fecha del 15 de Septiembre de 2008, sin duda supuso un antes y después en el mundo que conocíamos.

Por aquel entonces yo era Director de Tesorería y Mercados de Capitales de una conocida entidad financiera, con unos 1.000 millones de euros bajo gestión en las carteras de inversión, con perfil conservador, dado que mayoritariamente invertíamos en deuda pública, poca renta variable directa, aunque también hacíamos multigestión vía fondos y teníamos exposición a no cotizadas vía private equity. Ya acumulaba diez años de experiencia y había tenido que lidiar con varias crisis anteriores: la asiática en el 97, la quiebra del hedge fund LTCM en el 98 junto al impago de la deuda rusa el mismo año, el estallido de la burbuja puntocom en el 2000, el atentado de las torres gemelas en el 2001..., pero nada como la Gran Crisis Financiera, que dio sus primeras señales en 2007 y cuyo hito más importante por las consecuencias que traería consigo, fue sin duda la caída de uno de los bancos de inversión referentes para el mundo entero: Lehman Brothers. Por destacar algunas de esas señales: los problemas en las carteras del banco Bearn Stearns, la quiebra del sistema bancario en Islandia, los rescates de las agencias hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac, la caída de la aseguradora AIG, pero sin duda, el gran estruendo fue la quiebra de Lehman.

Yo era fan de algunos de sus research, dado que tenía buenos analistas. Recuerdo el silencio en la sala donde me reuní con mi equipo el 15-S y de decirles “se ha dejado caer uno de los grandes, que seguro traerá implicaciones muy negativas sobre el sistema financiero y la economía real a escala global”. Si bien no iba mal desencaminado, me quedé corto con mi afirmación, dado que todavía, tras 10 años, muchos siguen sufriendo las consecuencias, de lo que, en origen, fue fruto de la ambición humana, de una mala praxis bancaria y de un modelo de entidad financiera que nadie querrá replicar.

La pregunta en aquella sala era “¿Qué vamos a hacer al respecto?” Pues bien, lo primero era hacer una evaluación de daños, tanto directos en cuenta propia, como en el caso de los clientes. Lo nuestro era bien poco y además de forma indirecta por alguna posición de algún fondo de inversión que estaba invertido en algún bono con colateral de Lehman, con lo que nada, muy residual. No obstante, el revés de los mercados por aquellas fechas, que iba a generar minusvalías importantes en las carteras, había que mitigarlo de alguna forma, con lo que procedimos a realizar coberturas en lo que se podía. En el caso de los clientes, también muy residual, pues comenzaban a invertir en fondos de inversión (el producto estrella de ahorro, seguían siendo las IPFs por aquel entonces), pero había que informar con total transparencia.

Lehman marcó el inicio de la Gran Crisis Financiera y quizás lo más destacable es que, aparentemente, tanto los Bancos Centrales como los privados (tras una crisis de confianza hacia los mismos), han hecho los deberes en términos de solvencia y liquidez para evitar colapsos del sistema financiero propiciados por la deuda y la mala praxis. Sin embargo, en el futuro se generarán nuevas crisis con total seguridad, dado que es intrínseco a la naturaleza humana, si bien, probablemente no la causen los bancos, sino más bien los gobiernos o las empresas, veremos.

Rafael Rabat

Socio - GAR EAFI

Era domingo. Recuerdo que el viernes anterior habíamos salido de la mesa de Tesorería pensando en Lehman. Teníamos una posición importante con un swap de tipo de interés a largo plazo con ellos. Era una cobertura de balance muy importante, y yo era el jefe de Tesorería. Mi equipo y yo llevábamos tiempo gestionando la crisis subprime y ahora tocaba lidiar con su segunda derivada, la crisis de solvencia bancaria... luego vendría la de solvencia de la deuda pública.

Salió la noticia de la declaración de chapter 11 que ponía encima de la mesa el bankruptcy de Lehman. Llamé a mi equipo y lo cité a las 8 de la mañana en mi oficina para diseñar un plan de choque. 

El lunes a las ocho todo el mundo estaba allí. Con ese semblante serio de los momentos importantes, allí donde se descubre quién es quién, y dónde lo superficial queda arrinconado. Son esos momentos que unen o separan. Y nosotros éramos una piña. Un equipo de élite dispuestos para jugar un partido difícil y tratar de no perderlo.

En un par de horas teníamos diseñado un plan de acción que presenté al Comité de Dirección. Se aprobó... no quedaban realmente muchas opciones y habíamos estudiado todas.

Toda la entidad estuvo alineada y todo el mundo estuvo a la altura de las circunstancias en cuanto a compromiso y diligencia a la hora de decidir, además de darnos confianza.

Durante esa misma mañana el equipo de Tesorería llevó a cabo el plan, que duró dos días en concretarse. El miércoles ya teníamos una nueva cobertura de mercado ejecutada con otra contrapartida a precios muy razonables, y que a la entidad le daba la garantía operativa. 

Los siguientes cinco años estuvimos negociando con los liquidadores de Lehman, Price Waterhouse Coopers, para llegar a un acuerdo para resarcirnos de parte del perjuicio ocasionado, y en el 2014, en una reunión en Cannary Wharf, llegamos a un acuerdo muy satisfactorio. 

La casualidad hizo que un mes más tarde de la quiebra de Lehman, me encontrara en Cannary Wharf en las oficinas de un competidor de Lehman justo al lado de las oficinas de Lehman en Londres. Todavía recuerdo el edificio casi vacío y sólo habitado por el personal imprescindible a las órdenes de la autoridad judicial. 

Todos nosotros recordaremos qué hacíamos el 11 de septiembre del 2001 y el día en que Lehman quebró. 

Todos nosotros supimos aquel septiembre de 2008 que el mundo financiero que habíamos conocido había muerto y que un nuevo orden venía. 

El resto ya es historia.

 

Albert Ricart

Director de Asesoramiento de GAR EAFI

Cuando conocí la noticia de la de la quiebra de Lehman, ese mismo lunes, le dije a mi equipo: “Hoy es el fin de una Era. A partir de ahora, no sé lo que va a pasar, pero no va a volver a ser lo mismo”.

"¿Qué hemos de hacer?", me preguntaron.

En primer lugar, ver cómo nos afecta de manera directa y seguidamente preparar un argumentario para explicar a los clientes la situación.

Cuando vimos que no teníamos ningún cliente con riesgo directo con Lehman, ni bonos, ni preferentes, ni colaterales, ni nada, sólo lo que pudiese haber en los fondos de inversión. Y eso no lo controlábamos, respiramos…

Comunicar no fue fácil, pero nos salió muy bien, ya que captamos un importante volumen de inversiones de otras entidades de las que sí habían colocado a sus clientes en riesgo directo y colateral con Lehman Brothers.

 

Luis Calvo Martín y José Luis Templado Martín

Banqueros privados - A&G Banca Privada

Cuando estudiábamos la carrera, veíamos a los cinco grandes bancos de inversión con reverencia, estudiabas que este tipo de bancos eran muy seguros. Por ello les otorgaban la máxima calificación crediticia AAA, inalcanzable para muchas otras entidades.

Aunque todo saltó el 15 de septiembre de 2008, realmente se inició mucho antes. Pensábamos “es Lehman, no le van a dejar caer” y seguimos trabajando. Hasta que paró la música. Y todos nos despertamos de golpe y porrazo.

Por suerte, los clientes que asesorábamos no tenían productos Lehman. Pero su efecto se notó en todo lo demás. Ese día, y los siguientes, les llamábamos para darles nuestra opinión con incertidumbre en el horizonte porque todas las referencias habían saltado. Recordamos ese trimestre con desazón.

La “experiencia Lehman” nos ayudó a ser mejores profesionales, a empatizar más con los clientes y ser conscientes de los riesgos – que ellos, no nosotros – pueden asumir. A todos los mantenemos hoy.